viernes, noviembre 21, 2008

Travesia resistencia sierra de Aracena

A las 5 menos cuarto de la noche empezamos a andar. Casi 15 horas después el grupo volvió a Aracena con 62 km. en las piernas ¿Estaríamos en ese grupo final los 3 rktes?



Lo único que tenía seguro es que Charo llegaría aunque fuese arrastrándose. Mingo decía que tratándose de andar aguantaría lo que le echen; así que, en principio, la única duda sería como acabaría lo mio. Me propuse reservar fuerzas todo el día para no ser yo el que me arrastrase al coche escoba.

Pero tras dejar atrás las calles de Aracena, el grupo puso un ritmo que ni el mismísimo David Bisbal aguantaría. Pero no sólo en la cabeza; sino que los la cola también iban como balas. A lo largo del dia me di cuenta que todos habían hecho mil y una travesías; que si Ronda 101; que si boy scout desde los 9 años; que si 400 km en cinco días…¿O eran 500 km en cuatro días?.



Siendo como eramos a esa altura de la película tres rktes frescos de piernas no nos pusimos a la cola; y en el primer tramo dejamos atrás a bastantes (hicimos 11 tramos con 10 miniparadas, salvo la del desayuno y la comida que duraron algo más). En un suspiro cayeron los primeros 9 km hasta Los Marines. Apenas nos dio tiempo a comer un platano y media pera cuando el grupo había vuelto a salir endemoniado rumbo a Fuenteheridos. Ahora si que me puse detrás, mientras que Charo y Mingo seguían en medio del grupo. Parada fugaz en el pueblo y de nuevo rumbo a Jabugo a ritmo frenético. No podías ni parar a ver el paisaje, pq te quedabas el último. Durante la noche el cielo era de un negro total; sin luces no se vería ni a un metro; pero después de amanecer empezó a salir el sol y tuvimos la enorme suerte de tener un día estupendo. No quiero ni pensar que hubiera sido de mi si llega a llover.



Antes de las 9 de la mañana ya estábamos desayunando en un bar de Jabugo habiendo dejado 22 km detrás. Después de tomarnos un bocadillo de chorizo y colacao o café con pastel ; hicimos un rápido balance de daños colaterales. Charo se quejaba de un dolorcillo en la ingle; Mingo decía que sus carísimos zapatos de travesía le rozaban en el dedo pequeño; y yo me puse algodón en el talón, pq ya venía perjudicado después de un golpe que me dí al hacer un viraje en la piscina la semana anterior.Decir que al final acerté no llevándome las botas de caña alta; pq salvo un vasco nadie más las usó; y acabó con rozaduras en el talón.

En los siguientes tramos hasta Los Romeros y Aguafría seguí con mi táctica, y Charo y Mingo con la suya. Ellos por delante y yo reservando en el grupo de cola (si es que a ese ritmo se podía reservar algo). El participante de las sandalias era un auténtico portento. Se subía los cuestones a grandes zancadas, sin bastones ni nada. Creo que el mismo se las fabricaba especiales para caminar y con suela de varias capas; así que no eran del rastro.



Al salir de Aguafría rumbo hacia San Cristóbal coincidió que cuando el grupo empezó a andar casualmente me cogió con los de delante; así que decidí probarme a ver si aguantaba el ritmo de los de cabeza. Aquello era otro mundo. ¡¡¡ Si hasta corrían en las cuestas abajo!!! Me animé a probar y la verdad es que eso de correr en las bajadas era una gran idea. Andando era imposible enlazar con el grupo de delante; pero corriendo los cogías al momento.



Bajábamos por una cuesta paralela a la carretera. Había que cruzarla, girar 180 º y seguir por otro camino de dirección contraria. Entonces vi al otro lado de la carretera que el grupo de cabeza estaba siguiendo al organizador que abría ruta llevando una bandera amarilla en lo alto de la mochila. La distancia me pareció asequible, así que me propuse alcanzarlos. Trote en la bajada. Parón al cruzar la carretera pq pasaban coches, y más trote en el sendero del otro lado. Entonces vi a Charo que bajaba para cruzar la carretera a ritmo altísimo y amenazaba con cogerme más adelante. A lo mejor lo conseguiría pq iba en un grupo de fila de a uno que parecían porteadores de una película de Tarzán.

Enlacé con el grupo de cabeza y me quedé a su rebufo hasta que empezaron los repechos más fuertes hacia el Cerro. Eran auténticos muros; pero con la ayuda de los bastones no me lo parecieron tanto. Hasta me iban cediendo paso en la subida al oir los resoplidos que daba a sus espaldas. Así llegué a la cima coronándome como rey de la montaña entre los rktes. Fué mi momento de gloria del dia aventajando a Charo en más de dos minutos. Llevábamos ya 38 km y a pesar de que salimos de Aracena con 15 minutos de retraso, en la cima ya ibamos por delante del horario previsto. Sin embargo pasaban los minutos y Mingo no aparecía en la cima de San Cristobal. Al final vimos al de la organización con la bandera de cierre del grupo y a Mingo que andaba despacio y cabizbajo detrás de él.

Su pie le había dicho basta. Le dolía cada paso que daba; así que decidió subirse al coche escoba con otros que también habían tenido bastante por un día.



A nosotros sólo nos quedaban 24 kilómetros de nada. De San Cristóbal a Almonaster eran 3,5 kms bajando antes de comer. Me ayudaba de los bastones para no cargar mucho las piernas, e iba pendiente a los pedruscos de todos los tamaños para evitar una torcedura. Durante la ruta supongo que el paisaje era bonito, pero sinceramente casi no pudimos levantar la vista del suelo en todo el dia, pq no ibamos de paseo como otros caminantes a los que dejabamos boquiabiertos cuando veían a 150 personas superequipadas pasar a todo trapo a su lado.



En Almonaster la comida duró más de lo previsto y salimos con retraso que traería consecuencias en los últimos dos tramos.

Hasta Santa Ana y Alajar (las dos siguientes miniparadas para isotónico y fruta) Charo llegó unos minutos antes que yo; que seguía reservón por detrás. Así pensaba llegar también a Linares; pero el de la organización que cerraba el grupo veía que se nos iba a hacer de noche, así que empezó a acelerar el ritmo. Temiendo ser descalificados si nos superaba tuvimos que trotar para que eso no pasara, sobre todo después de llevar más de 50 km a las espaldas. Así que con ese esfuerzo extra me planté en Linares. Sólo nos quedaban 6 km para Aracena. Me encontraba bien de piernas, aunque el banderín de cola seguro que esperaba mi retirada de un momento a otro al verme tanto tiempo por detrás y resoplando en las cuestas. Pero para ser la primera vez que me veía en una travesía de resistencia lo estaba haciendo mejor de lo que esperaba. De hecho tenía mucho mas cargados los triceps que las piernas; pq usé los bastones mucho para amortiguar la pisada en las bajadas y para empujarme en las subidas.

Salimos de Linares con el foco a mano pq eran casi las 6 y media y después no te darían respiro para entretenerte buscándolo. Charo por delante y yo por detrás. El frio y la oscuridad no era problema pq todos ibamos preparados. Era cuesta arriba, pero ya faltaba poco. A las siete y cuarto llegué a Aracena donde los valientes que salieron a la calle a pesar del frío nos aplaudieron al llegar. Dos minutos antes llegó Charo. Nos esperaba Mingo quien nos felicitó. Cuando cinco horas antes vi que lo llevaban en la furgoneta le dije que me daba envidia. Ahora fue el quien nos lo dijo a la llegada.



Ducha caliente, bufet de comida y entrega de diplomas. En el sorteo a Mingo le tocaron unos guantes de travesía que le valdrán para intentar sacarse la espina el próximo año. El personal iba dando saltos a recoger los diplomas. Increíble. Yo casi no podía dar un paso sin que me dolieran las piernas. Charo sin embargo acabó como si nada. Mingo y yo no acabamos de creernos verla correr hacia el coche para arrancar rumbo a Huelva. Nosotros hacíamos contorsiones para sentarnos en el asiento; mientras que ella se sentó de un brinco. Acabó tan fresca que al llegar a Huelva nos hizo un alarde ayudándonos a sacar las bolsas del maletero y nos vió alejarnos cojitrancos mientras que ella seguro que subió los escalones de su piso de dos en dos.

Había vuelto a conseguirlo. Misión cumplida una vez más. ¿Alguien lo dudaba?